Las personas pueden volverse dependientes

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*** De cualquier sustancia que altere su cerebro

Por Víctor Sánchez
No todas las adicciones que sufren los seres humanos son producto del uso de drogas recreativas como la cocaína, la marihuana o la heroína.

En realidad, las personas pueden volverse dependientes de un fármaco recetado por su médico, de una molécula que produce su propio organismo o de cualquier sustancia que altere su cerebro de tal manera que el individuo, y el cerebro, ya no pueda funcionar sin la sustancia en cuestión.

Estas modificaciones en el cerebro de las personas adictas generan procesos de tolerancia y dependencia a la droga, y ocasionan que los individuos necesiten cada vez más sustancia para lograr el efecto placentero y que sin ella sufran del llamado síndrome de abstinencia.

Este síndrome ocasiona síntomas como ansiedad, temblores, náusea, vómito y diferentes alteraciones físicas que deterioran el bienestar físico y social de la persona.

Estos síntomas cesan cuando la persona vuelve a consumir la sustancia a la que está habituado, lo que dificulta que el individuo se rehabilite.

Por ello, todo medicamento no deja de ser una droga que es prescrita por un profesional médico para una determinada dolencia y durante un tiempo concreto.

El mal uso o abuso de este tipo de prescripciones médicas puede derivar en una adicción equiparable a la que sufren aquellos que consumen habitualmente sustancias ilegales como la cocaína o heroína.

El abuso de fármacos es el uso de un medicamento sin tener la receta médica correspondiente, de una manera distinta a la prescrita, o para lograr experimentarlas sensaciones que provoca.

Un adicto a los medicamentos, es igual que aquellos que consumen cocaína, heroína, u otros tipos de drogas ilegales.

Por otro lado, los tranquilizantes son las pastillas de las que más se abusa en nuestra sociedad.

La persona adicta se preocupa a todas horas de que no le falten sus pastillas.

Casi siempre el adicto a tranquilizantes se siente incapaz de vivir sin ellos, y los necesita para dormir o para hacer sus actividades cotidianas.

El adicto experimenta cambios tremendos de humor, pasando de la somnolencia exagerada cuando tomó demasiadas pastillas, a la ansiedad generalizada cuando le faltan sus pastillas demasiado tiempo. Progresivamente el adicto se convence de que sólo puede mantener sus actividades gracias a las pastillas, destruyendo progresivamente su autoestima.

A veces puede tener episodios de embriaguez con pequeñas cantidades de alcohol, que potencian el efecto del tranquilizante.

Son también frecuentes los fallos de memoria, puesto que al estar bajo el efecto de la medicación el paciente no fija en la memoria sus vivencias y luego es incapaz de recordarlas.

Es habitual que estos pacientes tengan pequeños accidentes domésticos, caídas accidentales, entre otros, como consecuencia de los estados de intoxicación a los que llegan a menudo.

La adicción a tranquilizantes es difícil de abordar pues el paciente ve el fármaco como una ayuda y no como una droga.

Suele ser útil hacerle ver que toma dosis muy superiores a las iniciales, que las toma sin prescripción médica, y que su estado general tiende a empeorar a pesar del tratamiento, lo cual significa que probablemente no es el más indicado.

Nuestra actitud debe ser comprensiva y empática.

Si nos dejamos llevar por las emociones y “reñimos” al paciente, quizás nos quedaremos más tranquilos, pero eso sólo servirá para que se cierre más en sí mismo.

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