La Quimera / Con encuentros estériles y bellos ejercicios de oratoria, no se cumple con la Constitución

 Política Electoral

Alfonso Alejandro Sánchez

Con protocolos y discursos inéditos entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se celebró la ceremonia por el 106 Aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, donde retumbaría con contundencia, en el interior del Teatro de la República de la Ciudad de Santiago de Querétaro y ante el inquilino de Palacio Nacional, un mensaje de advertencia para todas y todos los actores políticos del país:

“La Constitución es un inmenso y muy poderoso manto protector de certeza, de confianza, de seguridad y, sobre todo, de unión entre las y los mexicanos y obliga a todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad”. 

Hay que recordar, que como Congreso Constituyente, del 1 de diciembre al 31 de enero de 1917, con 187 votos se protestó y firmó la Carta Magna que hoy nos rige y que por sus derechos y garantías sociales, fue tomada como referencia por otros países.

Con la Carta Magna de 917, se daba por terminada la lucha armada y se regresaría al orden legal; además, de que se fortaleció el sistema político y garantizó los derechos sociales de las personas al incluir, por primera vez en el mundo, garantías sociales a una constitución, rompiendo los paradigmas liberales de que las constituciones sólo debían integrarse por garantías del individuo y parte orgánica.

Dejando la silla, donde sentada aplaudió la llegada del presidente de la República, que manda al carajo a las instituciones y órganos autónomos, así como tomar acciones y decisiones autoritarias por encima de la Constitución y las leyes que de ella emanan, la ministra presidenta de la Suprema Corte Justicia de la Nación, (SCJN) y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), Norma Lucía Piña Hernández, lanzaría una invitación a todas y todos los presentes en el histórico recinto constituyente:

“Hoy, les invito a que trabajemos, hombro con hombro, por el bien de nuestro país, para dar ejemplo de que, en la unidad nacional, somos dignos herederos de nuestra historia. La Constitución es el pacto federal que nos permite superar nuestras diferencias y estar de acuerdo en lo fundamental, como lo expresara Mariano Otero.

“Es el centro de gravedad donde convergen los fines y los entramados institucionales para llegar a ser el México que podemos y debemos ser. De la Constitución emanan todas las leyes, en ella están plasmados nuestros derechos y libertades. En la Constitución ésta la organización y el funcionamiento de nuestra República. Nuestro compromiso con México es cumplirla y velar por su cumplimiento. Hagámoslo posible. Les aseguro a todos que cuentan con el Poder Judicial Federal”.

Mostrando el gran distanciamiento que se ha acentuado entre los poderes Judicial y Ejecutivo, la ministra Piña Hernández recomendaría evitar encuentros estériles, reuniones con bellos ejercicios de oratoria, para tras ello volver al escritorio con la falsa sensación de un deber cumplido. Tenemos que esforzarnos más, cuestionar y cuestionarnos, replantearnos cómo lograr un cumplimiento cabal de nuestra Constitución, remataría.

La Ley Suprema, sin duda, tiene que ser una realidad en aras de la dignidad de cada persona, en aras, precisamente, de la consecución de los fines del proyecto nacional, ya que la dignidad se construye día a día, con respeto entre los individuos, entre los poderes, e, incluso, entre las naciones. Como siempre le digo, amigo lector, su opinión es la que cuenta.

En el tintero: Y para ponerle la cereza al pastel en la celebración de la Constitución, el panista Santiago Creel Miranda haría hincapié en que si bien, todos tienen el derecho de defender sus creencias, ideologías y posiciones políticas, el límite es la constitución, los tratados internacionales de los cuales México es parte y el respeto a la vida institucional del país…el presidente de la Mesa Directiva en San Lázaro, consideraría, aludiendo a la administración de la llamada cuarta transformación, que encabeza López Obrador, que es un gran equívoco pensar que los problemas del país pueden resolverse con ordenamientos constitucionales que no se cumplen, o peor, con cambios ocurrentes o caprichosos a la Constitución o a las leyes, como si por el mero hecho de reformar una norma, la realidad automáticamente cambia…Sin duda, que existe desacuerdo sobre el combate a la violencia, la seguridad pública, la cuestión social, la económica, la impunidad y la corrupción; a pesar de que muchos de estos temas están en la Constitución, inclusive, algunos de ellos, desde 1917, el desacuerdo, según Creel Miranda, prevalece no en los fines que persiguen, sino en los medios para darles cumplimiento…Hasta la próxima entrega.