LA INJUSTICIA, EL MIEDO Y LO QUE DIGA MI DEDITO

Por Tomás Rojas Madrid.

Margarita López Pérez, es una de las miles y miles mujeres que han experimentado en carne propia el dolor de perder un hijo, en este caso una hija, debido a la exagerada e interminable violencia que vive México desde hace muchos años.

La angustiada mujer, de 51 años de edad, se declaró en huelga de hambre afuera de la Secretaría de Gobernación, en un intento de ser recibida por la titular de esa dependencia, Olga Sánchez, quien a más de un mes de esa petición, no la ha recibido.

Un mes sin probar alimento ha agravado la salud día Margarita López, y por eso tuvo que ser trasladada de emergencia a un hospital donde intentan evitar su muerte.

Pero Margarita ya no quiere vivir, la desgracia le persigue desde el día en que un grupo de hombres armados entraron a su casa para llevarse a una de sus hijas, Yahaira de 18 años de edad.

Yahaira fue localizada muerta posteriormente; el origen de su muerte es desconocido, pero todos en Michoacán saben que el poder del narcotráfico es desproporcionado al grado de que ni el mismo gobernador se atreve a enfrentarlo, lo que se traduce en dudas sobre o no quiere, o no puede por estar relacionado con la inseguridad.

“En Michoacán, las autoridades no investigan; son cómplices de los criminales”,’ expresan quienes acompañan a Margarita en el campamento que instalaron afuera de la Secretaría de Gobernación en espera de ser recibidos.

Los motivos que tiene Margarita para intentar que Olga Sánchez la escuche y comprenda son de vida o muerte.

Tras la muerte de Yahaira, las autoridades michoacanas demostraron poco interés para investigar el caso, por lo que la misma Margarita comenzó a preguntar aquí y allá sobre el porque de la muerte de su hija, y al paso del tiempo logró hallar el hilo que la llevó a conocer a los asesinos.

Descubrió también que funcionarios del gobierno protegían a los asesinos.
Se logró la captura de seis del comando que se llevó a Yahaira, y a dos funcionarios que los protegieron.

Todos fueron enviados a cárceles de máxima seguridad, debido a su peligrosidad, pero la mano poderosa del narco intervino y ahora todos están en libertad.

¿Qué significa eso? Uno, la justicia quedó en el olvido.
Dos; los asesinos están libres y van por la venganza, eso es seguro.

Por eso la angustia, por eso la protesta en Gobernación, por eso Margarita se quiere morir y el gobierno la ignora.

¿Hay justicia con la Cuarta Transformación?
O lo de Margarita es otro montaje.
Lo que diga el dedito de Andres Manuel.

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